Edvard Moser, el Nobel que resolvió “un problema que ha ocupado a filósofos y científicos durante siglos”.

Cuando tenía 7 años, Henry Molaison se dio un golpe en la cabeza y se fracturó el cráneo. Tres años después empezó a tener unas convulsiones que cada vez se volvieron más intensas y frecuentes, a pesar de la medicación. Para cuando cumplió los 27 años ya no podía tener una vida normal. Es por eso que, en 1953, Molaison aceptó formar parte de un procedimiento experimental en el que le extirparon los dos hipocampos del cerebro.

La operación funcionó y el hombre dejó de tener convulsiones. Incluso su coeficiente intelectual aumentó.

Pero entonces los médicos se dieron cuenta de que, en el proceso, habían dañado su memoria. El joven no podía recordar si había desayunado o cómo llegar hasta el baño. Olvidaba las caras y nombres del personal médico y, lo que era más perturbador, debían decirle una y otra vez que su tío había muerto.

El trágico desenlace de su cirugía dio inicio a cinco décadas de estudios que lo inmortalizaron como el paciente “HM”, el más famoso de la historia de la neurociencia. Molaison no llegaría a verlo, pero su caso derivó en un descubrimiento crucial sobre el funcionamiento del cerebro y la memoria. No en vano le valió el premio Nobel de Medicina al neurocientífico noruego Edvard Moser.

Filosofía y ciencia
“El espacio y tiempo son propiedades totalmente fundamentales de nuestra propia experiencia subjetiva”, dice Moser a BBC Mundo.

“Es difícil mantener cierto entendimiento del mundo si no podemos colocar las cosas en algún lugar del espacio y organizar los eventos en un tiempo”, agrega.

“Por eso, cuando estas habilidades se pierden, de alguna manera nos perdemos a nosotros mismos”.

Moser, quien este miércoles participa en la conferencia Nobel Prize Dialogue en Madrid, puede a veces sonar como un filósofo.

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Y aunque no lo es, la propia Academia Sueca reconoció al anunciar su premio en 2014 que había logrado resolver “un problema que ha ocupado a filósofos y científicos durante siglos”.

El GPS del cerebro
“El premio Nobel fue por descubrir las células que forman parte del sistema que nos permite saber dónde estamos y encontrar el camino” para ir de un lugar a otro, explica Moser.

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