Todo es raro sin Xavi.

A Xavi Hernández lo llevan esperando algunos aficionados del Barça desde el mismo día en que anunció su marcha, un adiós del que pronto se cumplirán cuatro años. Tras 17 temporadas en el primer equipo, el de Tarrassa decidió que era el momento de hacer las maletas y probar suerte en otra parte, aprovechar los últimos años de su carrera, jugar más y sufrir menos, ser por fin el extranjero. Para ello tuvo que ocultar a su madre la oferta de renovación que redondearía su fidelidad hasta 2018 porque María Mercé es más xavista que el propio Xavi, más barcelonista que el propio Barça. “La hubiéramos tenido”, confesó entre risas aquel primer día raro de mayo.

Vinieron más, porque algunos culés nacieron el mismo día en que Xavi debutó con el primer equipo y lo vieron marchar con el título de bachillerato en el bolsillo: una vida entera, vamos. A veces pienso que raro es un adjetivo inventado expresamente para definirlo todo tras su despedida: días raros, fútbol raro, un club raro… La normalidad era verlo saltar al campo, incluso intuirlo sentado en el banquillo, pero saber que andaba cerca, que en cualquier momento comenzaría a pedir el balón y todos pensaríamos que la rutina no es lo peor que le puede pasar a una pareja, o que el matrimonio es una apuesta segura siempre y cuando se deje en los pies de Xavi. Y en su cabeza, ese procesador que jugaba el mismo partido que sus piernas pero a distinta velocidad, siempre dos pasos por delante, la misma que muchos desean ver asomar de nuevo por el túnel de vestuarios sobre un traje de entrenador, a poder ser, cuanto antes.

Hay clubes que son como un niño pequeño al que no se puede dejar solo y el Barça está entre ellos. Necesitan de una atención especial, de una mirada acostumbrada a su naturaleza particular, de una cultura que se aprende y se transmite en la propia casa, no se importa ni se encuentra en Amazon. Por eso se torna brillante bajo los cuidados de unos y áspero en las manos de otros. Por eso no se entiende la renuncia al método tradicional, a la cadena de transmisión que comenzaba en La Masía y terminaba en el Camp Nou. Habrá quien defienda que esta afirmación es exagerada, que el Barça ha seguido ganando con Valverde en el banquillo y Paulinho o Arturo Vidal sobre el campo, con la cantera participando de manera casi testimonial y Messi imitando al ausente, pero hasta los más conformistas están deseando que Xavi termine las prácticas y regrese: todavía no lo saben pero ya lo necesitan.

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