El pesebre, una tradición duradera

Desde el pasado primero de noviembre, el Gobierno Bolivariano decretó el inicio de la Navidad en la República Bolivariana de Venezuela, como antesala a la fiestas decembrinas y de cara a la prosperidad, felicidad y tranquilidad de la población ante los insistentes ataques imperiales que buscan desprestigiar a la Revolución Bolivariana, e impedir el bienestar de la población.

Para ello, diferentes instituciones del Estado se han dado a la tarea de realizar desde ya, la representación del pesebre o nacimiento del Niño Jesús, una tradición duradera que ha pasado por diversas generaciones en las familias venezolanas, considerada por cultores, artistas y artesanos una de las tradiciones navideñas más arraigadas en el país.

Son diversas las formas, ingenios y decoraciones que se realizan en diferentes espacios de la ciudad capital, tal es el caso de la Academia Militar Bolivariana, en el Fuerte Tiuna de Caracas, donde la Fuerza Armada Nacional Bolivariana elaboró sobre los cimientos de un mapa de Venezuela y con figuras de nuestros pueblos indígenas, el pesebre, como un llamado de unión a los pueblos y de respeto a la soberanía nacional.

Desde el 1º de noviembre, el ministro del Poder Popular para la Defensa, Vladimir Padrino López, llamó a toda la población venezolana a “abrir las puertas a la Navidad y abrazarnos en un acto de solidaridad y hermandad para seguir transitando la Venezuela libre, soberana e independiente”.

ORIGEN

Esta costumbre es de origen europeo. Se cree que comenzó en Italia en el siglo XIII, por iniciativa de San Francisco de Asís. En aquella ocasión la escena del nacimiento de Cristo no fue representada con figuras o miniaturas de objetos cotidianos, como se hace actualmente.

Se cuenta que en la Navidad de 1223, San Francisco se refugió del frío en una ermita del pueblo italiano Greccio. Allí decidió recrear simbólicamente la escena del nacimiento: armó un portal de paja y colocó un pesebre (es decir, un cajón de comida para animales). Incluyó a un buey y a una mula de verdad, de los campesinos del pueblo, y los invitó a reproducir la escena de la adoración de los pastores.

La tradición llega a España en el siglo XVIII, donde encuentra terreno fértil para la producción de figurillas de alta calidad artística. La práctica se hace común entre los miembros de la aristocracia española y se traslada a las colonias americanas, donde es acogida y enriquecida.

Fue utilizada en América por los franciscanos como método de evangelización. Las representaciones incluyeron plantas y animales americanos, como los guajolotes, magüeyes y nopales. Se enriquecieron las escenas con imágenes que eran comunes para los pobladores del lugar.

T/ Deivis Benítez
F/ Luis Graterol

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