Trump busca arrojar el mundo a los abismos de una guerra nuclear

Resulta paradójico que mientras la humanidad festeja por estos días el 73º aniversario de la victoria del Ejército Soviético, en la II Guerra Mundial, sobre el demencial sueño de conquista planetaria del nazismo liderado por Adolfo Hitler, se halle amenazada por Donald Trump, líder del capitalismo y demente reencarnación del Fuhrer, quien busca desatar una guerra en la que no habrá vencedor y que sería la última que se libre la tierra, ya que no dejaría ningún vestigio de vida.

Y es que ese salvaje sistema que rige en Estados Unidos y en los países bajo su orbita afecta de tal manera la torcida mente del magnate empresarial que incursionó en la política y que en el corto tiempo que lleva al frente del imperio más poderoso de la historia ha violado normas éticas, principios morales, acuerdos, convenios y tratados bilaterales e internacionales llamados a preservar la vida y la paz del mundo.

Si algún mérito tiene, si a eso puede llamársele mérito, es el haber tenido la franqueza de anunciar, antes de haber sido elegido Presidente, su doloso proyecto de destrucción de todo el vestigio de armonía, seguridad y paz que aún queda en el mundo, después de la avalancha de violencia, muerte y destrucción que durante siglos que sus predecesores desataron a lo largo y ancho del planeta en su demencial sueño de adueñarse del mundo.

Porque, como se preguntó José Saramago: ¿Cómo Estados Unidos, siendo un país tan grande en todo, ha tenido tan pequeños presidentes?

El Premio Nobel de Literatura no se refería, por supuesto, a su físico, ya que por lo general son altos sino a su baja estatura moral y ética de pigmeos, que los ha llevado a cometer los más horrendos crímenes de guerra y genocidios, como lo hizo con George W. Bush, a quien designó como “El Nerón del Siglo XXI y comparó con un vaquero que pretende manejar al mundo como una manada de ganado”.

El mismo calificativo se merece Barack “Hussein” Obama, ganador del desprestigiado Premio Nobel de la Paz, que recibió por haberse dedicado a hacer la guerra durante los ocho años de su mandato, así como otros mandatarios yanquis que habiendo desatado guerras recibieron el mismo galardón.

Pero Trump, quien en su locura belicista ha roto tratados multinacionales, como el del cambio climático, el Tratado Comercial Transpacífico, y amenaza con salirse del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (Nafta, por sus siglas en inglés), ha superado a esos genocidas, al retirarse unilateralmente del Acuerdo Nuclear sobre Irán, firmado por China, Rusia, Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Alemania y el país persa, activando la chispa que podría iniciar la III Guerra Mundial.

Y es que no bien Trump se había salido del acuerdo, Benjamín Netanyahu, primer ministro del Estado sionista de Israel, cómplice y gendarme de EEUU en la región, inventó la mentira de que había logrado acceder a los archivos secretos de Irán, según los cuales el país persa, a pesar de la prohibición impuesta, da marcha en secreto a su programa dirigido al desarrollo de un arma nuclear y está a punto de tenerla, lo que aprovecha el Mandatario yanqui para exigirle a la Unión Europea que deshaga el acuerdo.

Y es que como afirma el refrán “cada ladrón juzga por su condición”, ya que Israel, con ayuda de EEUU, violando la prohibición que asegura que viola Irán, fabricó hace años una bomba nuclear y posee más de 200 ojivas nucleares que utiliza como chantaje para amenazar e intimidar a los países árabes y a la nación persa con lanzarse contra ellos en cualquier momento.

Es el fracaso de esos grupos, financiados, entrenados y armados por EEUU, Israel y sus aliados europeos lo que ha obligado al imperio y a su gendarme sionista a tomar, conjuntamente con la mentira que asegura que Irán esta desarrollando un arma nuclear, la arriesgada y peligrosa vía de la violencia belicista en la región, llamada a propagarse como incendio incontrolable por el resto del planeta.

Desde las Alturas del Golán, que ocupa ilegalmente y considera como suyo, lanzó recientemente ataques con misiles sobre bases militares sirias y de Irán instaladas con autorización de Damasco que, junto con Rusia y Hezbolá, combate a los terroristas de Daes apoyados por EEUU e Israel, a los que están a punto de derrotar y expulsar del país.

Las alarmas se han activado en todo el planeta ante la amenaza que esos ataques representan para la frágil paz mundial, al pasar de repente del punto más crítico, que hasta hace pocos días era la Península coreana, de nuevo al Medio Oriente, tras la magistral jugada estratégica de Kim Jong-un de acercarse a Seúl a través del deporte, la cual culminó con la firma de acuerdos que, por ahora, han desarmado los planes belicistas de provocación que EEUU adelantaba contra Pionyang.

Obsoletas quedaron de pronto las maniobras aeronavales conjuntas que desde hace varios años realizan EEUU y Corea del Sur frente a las costas de Corea del Norte, perversa celada tendida a Pionyang, buscando que respondiera con un ataque contra alguna de sus unidades para así desencadenar la revancha que el imperio planifica contra ese país desde 1953, tras la humillante derrota que sufrió en la guerra de Corea.

Con paciente inteligencia Corea del Norte soportó a raíz de aquel conflicto bélico las trampas y el chantaje nuclear de Washington, que más de una vez amenazó con lanzar un ataque atómico contra el país asiático que carecía de esa arma, por lo que en silencio comenzó a prepararse para estar en condiciones de enfrentarlo de igual a igual.

Y la sorpresa y el enojo del imperio estallaron hace pocos años cuando Corea del Norte anunció que había construido su primera bomba nuclear, y fue mayor aún cuando hace algunos meses inició pruebas de lanzamiento de misiles sobre las aguas del mar de Japón capaces de transportar ojivas nucleares y llegar hasta el mismo corazón de EEUU.

El imperio respondió con andanadas de amenazas bélicas que alcanzaron su máxima intensidad cuando Trump asumió la Presidencia, a tal punto que el mundo pensó que en cualquier momento desataría la temida guerra nuclear, pero su bravuconería se apagó tras comprender que no podía ir más allá de los insultos personales, porque ahora Pionyang y Washington, en cuando a poder nuclear, están iguales, lo que ha obligado a Trump a reunirse con Kim el 12 de junio en Singapur.

Un riesgo calculado que Kim Jong-un debe asumir con extrema cautela, tomando en cuenta que el hecho de firmar un acuerdo que obliga a Corea del Norte a deshacerse de su arsenal nuclear que tanto tiempo, dinero y sacrificios para su pueblo, Gobierno y científicos ha costado construir y ahora a desmantelar, como prueba de su inequívoca de voluntad de paz, no ofrece la menor garantía de cumplirse por parte de EEUU, en razón del amplio prontuario delictivo que exhibe esa nación como violador de acuerdos.

Basta observar las acciones que ha tomado Trump tras su fracasado intento de hacer caer en la trampa de la provocación a Corea del Norte, que para que no dejar en entredicho su fama de “Bully” de barrio de la aldea global trasladó su odio e ira nuevamente a Irán, víctima secular de conjuras, guerras, reparto de su territorio y saqueo de sus ingentes riquezas por parte de EEUU y sus secuaces europeos.

A un país para el que Trump ha escrito el mismo perverso y repetitivo guión de la provocación belicista que desde fines del siglo XIX viene escribiendo EEUU, el mismo que escribiera Hitler para desatar la II Guerra Mundial, y que ahora escribe ese demente, a quien médicos de la Asociación de Psiquiatría de EEUU han diagnosticado como un enfermo mental incapaz de ejercer la Presidencia del país más poderoso del planeta.

La historia da cuenta que provocaciones como esa han dado origen a más de un conflicto bélico de terribles consecuencias por la violencia, destrucción y muerte que dejan todas las guerras, como ocurrió en 1939 cuando una patrulla de militares alemanes, disfrazados de soldados polacos, atacó una emisora alemana en la frontera germano-polaca, hecho conocido como “El Incidente de Gleiwitz”, aprovechado por Hitler para desatar la II Guerra Mundial, que dejó más de 50 millones de muertos.

Como lo fue el falso ataque supuestamente realizado por patrulleras norvietnamitas a un buque de guerra de la US Navy, evento conocido como el “Incidente del Golfo de Tonkin”, que EEUU utilizó como pretexto para declarar la Guerra a Vietnam del Norte.

Y la explosión del acorazado Maine en el puerto de La Habana, en 1898, que el Gobierno de Washington, con apoyo dela campaña difamatoria de la cadena mediática amarillista de William Randolph Hearst, desató acusando a España de su hundimiento para declararle la guerra al decadente imperio español y adueñarse de sus últimas posesiones de ultramar, Puerto Rico -en el Caribe- y Filipinas y Guam, en el Pacífico.

Y es que la guerra ha sido una constante en el devenir histórico de EEUU puesto que sin ella no existiría, ya que necesita de ella como del agua los humanos, animales, plantas y demás seres vivientes de la tierra, un planeta que muere lenta e inexorablemente, no solo por culpa de los conflictos bélicos que desata para saquear las riquezas de los pueblos que conquista sino también por la explotación irracional que hace de los recursos de sus selvas y mares en aras de un falso desarrollo y progreso.

Y Trump busca acelerar la muerte de la tierra con la guerra a la que incita violando cuanto acuerdo bilateral o multilateral EEUU ha firmado, aprovechando la codicia de Estados capitalistas europeos, que si bien esta vez se niegan a plegarse a su decisión de retirarse del acuerdo nuclear podrían retractarse, no sólo por la presión que sobre ellos se ejerce sino para no perder los multimillonarios contratos comerciales e industriales que han suscrito con Irán sus empresas a raíz del acuerdo.

Y es que temen, como sumisos y obedientes gobernantes de Estados vasallos, las represalias con que a través del chantaje amenaza el Mandatario yanqui a todo aquel Gobierno que ose desobedecer sus órdenes, advirtiéndoles que:
“Implementaremos sanciones económicas de alto nivel a cualquier nación que ayude a Irán en su búsqueda de armas nucleares”, es decir, a quien se oponga a su ilegal e ilegítima decisión de retirarse del acuerdo.

Es el dilema que enfrentan los que un día se sometieron al mandato de un imperio que no tienen amigos, sólo intereses, por lo que serán cómplices de Donald Trump, el demente, reencarnación de Hitler, que en cualquier momento podría desencadenar una guerra que significaría el fin de la vida del planeta y el de todas las criaturas que lo pueblan.

AVN –

Deja tu comentario

Loading Facebook Comments ...