Entérate por qué los microbios de nuestro intestino alteran nuestro comportamiento

¿Sabías que la microbiota intestinal, sobre todo algunas especies de los géneros Lactobacillus y Bifidobacterium, influye en el comportamiento social, en la ansiedad, en la respuesta al estrés y en la depresión?

Son muchas las investigaciones que demuestran que las bacterias influyen en el comportamiento y estado de ánimo, así como pueden estar implicados en el desarrollo de ciertos tipos de autismo, de acuerdo con el medio Muy Interesante.

Se conocen muchos mecanismos, uno de ellos es a través del nervio vago, que comunica intestino y cerebro, y también mediante cambios hormonales y en el sistema inmunitario”, explica Katerina Johnson, investigadora del Departamento de Fisiología Experimental de la Universidad de Oxford.

Recientemente en la revista Nature Reviews Microbiology , la investigadora detalla esta hipótesis y como trabaja estos microorganismos en el cuerpo humano. Ahí se explica que los microbios “manipulan” las mentes en su propio beneficio.

Por ejemplo, las bacterias podrían cambiar el comportamiento para hacer al ser humano más sociable y así tener más probabilidades de transmitirse a otros hospedadores. De hecho, numerosos microorganismos intestinales producen sustancias químicas con la misma estructura que algunos de los neurotransmisores (o sus precursores) que se forman en el cerebro.

¿Somos dependientes a estas bacterias?

Los investigadores han intentado darle vuelta al asunto y enfocarlo desde el punto de vista de las presiones selectivas que afectan, no a las bacterias, sino a sus hospedadores, en este caso los humanos.

Según su teoría, la producción de estos compuestos neuroactivos no es un fin en sí mismo, sino que se trata de productos secundarios formados como resultado de la actividad metabólica de algunas especies de bacterias, y la selección natural habría actuado en nosotros de forma que somos dependientes de estos metabolitos.

“El crecimiento microbiano da lugar a subproductos metabólicos como los ácidos grasos de cadena corta, que se sabe que alteran la función cerebral, y otros metabolitos microbianos también pueden alterar nuestra respuesta inmune”, detalló Johnson.

Los científicos han hecho hincapié en comprender bien esta evolución de la comunicación intestino – cerebro, ya que esta información puede contribuir al beneficio de la salud y bienestar mental, al controlar el ecosistema microbiano.

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