Stephen Hawking, una mente veloz encerrada en un cuerpo inmóvil

El físico británico Stephen Hawking, quien falleció hoy a los 76 años, contribuyó a arrojar luz al enigma de los agujeros negros, además de ser uno de los divulgadores científicos más célebres del último siglo a pesar de una parálisis progresiva que le marcó desde la juventud.

Hawking nació en Oxford el 8 de enero de 1942, el día del 300 aniversario de la muerte de Galileo, como le gustaba subrayar. Sus padres Frank Hawking, médico experto en investigación de enfermedades tropicales, e Isobel, una licenciada en filosofía, política y economía, fueron un matrimonio económicamente modesto pero preocupado por ofrecer la mejor educación posible a Stephen y sus tres hermanos: Philippa, Mary y Edward.

De joven a Hawking le gustaba montar a caballo y practicar el remo. Fue un alumno mediocre durante el bachillerato, en la Universidad, se graduó con un expediente poco brillante. Una beca le permitió realizar estudios de post-grado en la Universidad de Cambridge, donde se especializó en Física Teórica y Cosmología.

Realizó un viaje a Oriente Próximo para el año de 1963, y se le diagnosticó una enfermedad neuronal a los 21 años, relacionada con la esclerosis lateral amiotrófica, conocida como enfermedad de Lou Gehrig. La enfermedad provoca una destrucción paulatina de las células del sistema nervioso central encargadas de regular la actividad muscular voluntaria, lo que hace que el enfermo pierda sus funciones locomotoras. No obstante, el cerebro se mantiene lúcido. Los médicos le dieron dos años de vida y se derrumbó en una grave crisis depresiva.

Se encerró durante semanas en su habitación universitaria para emborracharse y escuchar a Wagner a todo volumen, hasta que decidió que, mientras la muerte no llegara, se dedicaría a avanzar en sus investigaciones. Encontró un apoyo crucial en la joven Jane Wilde, a quien había conocido poco antes y con quien se casó en 1965, dos años antes de que naciera su primer hijo, Robert, al que seguirían Lucy (1969) y Timothy (1979).

Ocupó durante tres décadas (1979-2009) la cátedra Lucasiana de Matemáticas en Cambridge, la misma que Isaac Newton, hizo contribuciones fundamentales para la cosmología moderna y supo además trasladarlas al lenguaje popular en libros. Se refugió en la física teórica para escapar de un cuerpo que le resultaba una cárcel y, 11 años después del dictamen que le auguraba una muerte casi inminente, postuló una predicción científica que resultó más exacta que la de sus doctores: la existencia de la llamada radiación de Hawking.

El cosmólogo supo relacionar las ecuaciones de la relatividad de Einstein con la mecánica cuántica para identificar las únicas partículas que pueden escapar del horizonte de sucesos de un agujero negro, una frontera que ni siquiera la luz puede cruzar y que hasta entonces se consideraba infranqueable. Su hallazgo facilitó la detección de agujeros negros y propició, entre otros, el descubrimiento de que en el centro de nuestra galaxia se oculta uno de ellos (Sagitario A).

Cuando se convirtió en profesor Lucasiano, titular de la Cátedra Lucasiana de Matemáticas de la Universidad de Cambridge a los 37 años, su lucidez seguía intacta, pero ya no podía andar, escribir, ni alimentarse por sí mismo, y su habla era poco articulada, casi ininteligible excepto para su círculo más cercano.

En 1985, se le diagnosticó una neumonía en Suiza y los médicos aconsejaron retirarle la máquina que le mantenía con vida. Fue llevado urgentemente al Reino Unido, donde se sometió a una traqueotomía que le salvó la vida aunque le dejó sin voz. Desde 2005, solo pudo comunicarse moviendo un músculo bajo su ojo con el que accionaba un sintetizador de voz.

De esta manera logró la redacción de “Historia del tiempo: del Big Bang a los agujeros negros”, el libro que le lanzó a la fama en 1988. Su celebridad, así como la cantidad de cuidados médicos que requería, acabaron de deteriorar su relación con Jane, de quien se divorció en 1991 para casarse cuatro años después con Elaine Mason, su enfermera desde 1985, de la que también se divorció en 2006.

A partir del año 2000, Hawking incrementó su dedicación a los libros de divulgación popular y publicó obras como “El universo en una cáscara de nuez” (2001) y “El gran diseño” (2010).

Con información de EFE

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