¿Cómo detectar si tu hijo sufre de cyberbullying?

¿Qué siente un chico cuando lo eliminan de un grupo de WhatsApp? ¿Qué teme una chica que no se anima a subir fotos de sus vacaciones? Nuevas preguntas y la necesidad imperiosa de los chicos de ser reconocidos por sus pares. En esta búsqueda de pertenencia, el ciberbullying se asoma como práctica cotidiana.

 

Hace algunas décadas, los problemas del colegio terminaban en el colegio. Las doce y cuarto marcaban la puerta a la libertad, los fines de semana no sabíamos nada de quien no quisiéramos saber, y diciembre interrumpía por completo el ciclo lectivo.

Había conflictos, sin dudas; había maltrato y discriminación; había bullying. Pero había también espacios propios, vereda, vacaciones. Se podía respirar lejos de la mirada del “líder de la bandita”. Por otra parte, nadie obtenía un registro audiovisual de nuestros papelones. Estos quedaban en el olvido o en la categoría de “mitos y leyendas” del curso y nadie podía dar fe absoluta de su veracidad.

Con la amplitud del internet, el wifi, las notebooks y los smartphones, no existen límites para estar en contacto. Todo el tiempo, con todo el mundo, desde cualquier lugar, parecería ser la consigna. Los problemas ya no quedan en la escuela, las paredes ya no son una barrera espacial ni temporal para el hostigamiento.

El teléfono móvil transforma y convierte a los demás en “blancos móviles”. El maltrato se desplaza y todos podemos ser localizables, evaluables y mensurables en cualquier lugar en que nos encontremos. Las personas podemos ser recomendadas o descartadas en un instante.

 

Redes sociales, imágenes filtradas, audios, papelones viralizados, memes, popularidad, música y vídeos ilimitados, youtubers, palabras y más palabras que pierden su sentido y se descontextualizan, llevan a niños y adolescentes a sufrimientos nuevos que -además- suelen ser incomprendidos o mal dimensionados por sus padres, madres y docentes.

El ciberbullying, que hoy tanta alarma causa, es uno de los malos usos de las redes y consiste en humillar y avergonzar a un compañero a través de dispositivos tecnológicos.

Y en estos escenarios, absolutamente desorientados, los padres muchas veces temerosos, otras invasivos, buscan que alguien los guíe. Que garantice que están haciendo las cosas bien, que tus hijos están a salvo, que sabes lo que hacen.

Diálogo, apertura, tolerancia, asimetría (no seamos amigos de nuestros hijos), conocimiento, confianza, parecen ser las palabras clave en todo este enredo. Permite a los chicos que se equivoquen, recalculen, retomen el camino. Y que te cuenten lo que hacen, lo que les gusta, lo que temen.

Imaginan (a veces saben con certeza) que los otros la han pasado mucho mejor que ellos durante el verano. Temen a las nuevas miradas y desprecios y, al mismo tiempo, anhelan que este nuevo año las cosas cambien.

Con información de emedemujer

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