Lo que le puede pasar a su hijo a largo plazo si consume alcohol en el embarazo

El consumo de alcohol durante el embarazo produce malformaciones y alteraciones graves en el recién nacido. De hecho, existe un nombre para estas alteraciones: desórdenes del espectro alcohólico fetal (FASD, por sus siglas en inglés).

A pesar de ser fácilmente evitable, los FASD –que incluyen un amplio abanico de anomalías físicas, cognitivas y comportamentales que se prolongan durante la vida adulta– siguen siendo la causa de la mayoría de los trastornos del neurodesarrollo, afectando entre un 2 y un 5% de la población de Europa occidental.

Por ello, un grupo de investigadores de la Universidad Pompeu Fabra (UPF) en Barcelona, ha decidido estudiar qué sucede cuando el consumo de alcohol durante el embarazo no se da de forma continua, sino que sigue un patrón esporádico y de tipo ‘atracón’.

En otras palabras, cuando la mujer gestante sienta periódicos deseos de ingerir alcohol de forma “descontrolada”, como en el caso de los jóvenes cuando hacen “botellón”, un fenómeno que se puso de moda en España desde finales del siglo XX y consiste en juntarse con un grupo de amigos, comprar bebidas alcohólicas y consumirlas en vías públicas.

Según sus resultados, un episodio de botellón a la semana durante la gestación es suficiente para causar importantes alteraciones en el comportamiento de la descendencia que se prolongan hasta la edad adulta.

Olga Valverde, líder del estudio realizado en ratón, explicó que esta investigación “revela alteraciones en las neuronas cerebrales que se traducen en graves anomalías en el comportamiento de la descendencia. Sin embargo, no aparecen malformaciones ni cambios en el peso corporal de la descendencia, así que el trastorno es invisible en el momento del nacimiento”.

Cambios hasta la edad adulta

El alcohol interrumpe el desarrollo embrionario del sistema nervioso central, provocando una mala función cognitiva y conductual a largo plazo. Además, se ha visto que esta sustancia puede activar de forma intensa al sistema inmunitario que protege la función de las neuronas, contribuyendo al daño cerebral y a la neurodegeneración en adolescentes y adultos.

“Hemos observado un aumento de ciertos factores proinflamatorios en el cerebro de crías afectadas por el consumo esporádico materno de alcohol”, aseguró Valverde. Este desequilibrio hace que el sistema inmunitario ataque a la mielina, una capa celular que rodea al nervio y que facilita que los impulsos eléctricos se transmitan de manera eficiente a lo largo de las neuronas y, por tanto, que se transmita el mensaje nervioso.

“Probablemente, la exposición al alcohol provoca cambios en el sistema inmunitario que persisten hasta la edad adulta, afectando al aprendizaje, la memoria y el comportamiento. Por ahora no sabemos si las disfunciones neuroconductuales persistentes están relacionadas con la neuroinflamación o las alteraciones de la mielina pero, según nuestros resultados, los antiinflamatorios deberían ser considerados como posible tratamiento para prevenir el daño cerebral causado por el consumo de alcohol durante el embarazo”, concluye Valverde.

El Espectador

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