Facundo Cabral, la vida todavía es un viaje

A 6 años de la muerte de Facundo Cabral, el legado del “esclavo de la libertad” continúa vigente.

El 9 de julio de 2011 el cantautor argentino Facundo Cabral fue asesinado en Guatemala tras un atentado dirigido contra el empresario Henry Fariñas.

Luego de tres días del trágico hecho, Enrique Vargas Hernández y Wilfred Allan Stokes, los autores materiales del asesinato, fueron detenidos. El costarricense Alejandro Jiménez, alias “El Palidejo”, de 38 años, fue apresado meses después luego de ser señalado como el autor intelectual del crimen. Era examigo de Fariñas y estaba ligado al lavado de capitales y al narcotráfico.

Los cinco homicidas de Cabral fueron condenados a 30 años de prisión por el delito de asesinato y 20 por el de asesinato en grado de tentativa, aunque dos años después los tribunales de su país les rebajaron la pena a 18.

Paradójico final para un artista que en sus canciones evocaba valores tan preciados como la paz y el entendimiento entre las personas.

“Cada hombre justo es una buena noticia, cada cantor es una buena noticia, porque cada cantor, es un soldado menos”.

Nacido en La Plata, sus primeros años estuvieron marcados por el matriarcado forzado en su familia por el abandono del hogar de su padre y por la extrema pobreza.

Con su madre Sara a la cabeza, la familia se mudó a Tierra del Fuego, cuando Facundo había cumplido los ocho años, regresaron a la provincia de Buenos Aires, en esa ocasión a Tandil.

Pese a que fue analfabeto hasta los catorce años “según él mismo declaraba”, desde niño ya tuvo interés en la música, y en Tandil fue cuando tomó contacto con la música folclórica.

Años después, el joven Cabral se mudó a Mar del Plata. Atraído por la música, aprende a tocar la guitarra y en 1959 comenzó su carrera musical en un hotel. Grabó sus primeros discos con el nombre artístico de El Indio Gasparino, pero su falta de éxito lo llevó a abandonar el nombre.

En 1970 grabó “No soy de aquí, ni soy de allá”, la canción que le dio fama mundial y lo llevó a compartir escenario con artistas como Julio Iglesias, Neil Diamond, Alberto Cortez, entre muchos, tema con versiones en nueve idiomas

En 1976, fichado en la lista negra por la dictadura argentina, se exilia en México, donde continúa componiendo y peregrinando hacia otras latitudes.

Cuando se restablece la democracia en su país, vuelve en 1984. Sus compatriotas le dan una calurosa bienvenida en todos y cada uno de los multitudinarios conciertos que ofreció y así fue siempre, hasta el momento de su muerte.

Además de músico, Cabral fue poeta y novelista, con decenas de títulos editados, entre ellos “Borges y yo”, en el que relata sus conversaciones con el escritor.

Fue un hombre lleno de música, de anécdotas, poesía, relatos y andanzas, cuya música, una mezcla de canción protesta y reflexión, lo llevó a recorrer los escenarios del mundo.

En 1996 fue nombrado “Mensajero de la Paz Mundial” por la UNESCO.

Cabral insistía en hablar de la felicidad como un deber y señaló que no había mejor forma de pasar por la vida.

“Somos hijos del amor, por lo tanto nacemos para la felicidad (fuera de la felicidad son todos pretextos), y debemos ser felices también por nuestros hijos porque no hay nada como recordar padres felices. Hay tantas cosas para gozar y nuestro paso por la Tierra es tan corto, que sufrir es una pérdida de tiempo”.

Se hacía portavoz de la palabra siempre unificadora de la Madre Teresa de Calcuta, Martin Luther King , Mahatma Gandhi, Jesucristo y el Dalai Lama. Decía que Walt Whitman, Jorge Luis Borges, Gilbert Keith Chesterton, Octavio Paz y Juan Rulfo eran sus influencias literarias fundamentales.

Con el tiempo, se dio cuenta que lo suyo era dar su testimonio de la vida en canciones, en poemas o en una simple charla, y de esta manera surge su particular estilo de presentarse en los escenarios.

Recorrió el mundo hablando del valor de la libertad y la crueldad de las injusticias, valiéndose para ello de la sátira política.

Era un hombre afable, sencillo, conversador y muy ocurrente. Decía las cosas más graciosas sin inmutarse y utilizando un inteligente sentido del humor.

Facundo Cabral, según sus propias palabras, era un ser “más de historieta que de la farándula”. Y también fue un trovador fuera de serie que dejó en sus canciones un consistente legado para la posteridad.

Lo que no pudieron las balas fue poner a Facundo Cabral en el olvido, su legado, a 6 años de su muerte, es todavía un tesoro que vale la pena descubrir, su viaje continúa. 

 

TeleSUR

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